Bien sabido es que el apelativo "caja tonta" para la televisión no es ni mucho menos una imposición al azar. Lo que no parece ser tan bien sabido es que los espectadores de los llamados "Realities" son incluso más tontos que el citado aparato.
Hay quien admite que es consciente que lo que está presenciando es ficción, pero aun así lo sigue viendo y comentando. Hay quien directamente no tiene ni santísima idea y se deja llevar. Y hay quien, bueno, digamos que le falta poco para llenar de baba el sofá mientras contempla algún programa.
Pongamos como ejemplo el suceso acaecido estos últimos días en Master Chef. El revuelo ocasionado por el plato "León come gamba" de Alberto, Este curioso plato, que a nadie pareció dejar indiferente, se trataba de una patata cruda a modo de cabeza de león (que eh, gran casualidad que la patata estuviera cruda, habiendo dejado fuera a 15.000 concursantes. Hasta yo se cocer patatas y no estoy en Masterchef.) gambas, lo que parecían ser pimientos rojos y... bueno, otra gamba en la boca del felino.
El plato no convenció para nada al jurado y, sin deliberación alguna y con muy malos modos, fue expulsado.
La oleada de televidentes indignados fue creciendo, y creciendo, y CRECIENDO, hasta tal punto de colmar las redes sociales de comentarios, olvidándonos por un momento de que se trata de un programa de televisión, y lo más importante, UNA PATATA CRUDA QUE SE ASEMEJA A UN LEÓN.
Oh, Dios, pero qué crueles son. Oh, Dios, pero por qué hacen ésto. Oh, Dios. Qué horrible todo. No se lo merece. Oh, oh, oh. Voy a malgastar quiénsabecuántas horas lamentándome sobre un programa de televisión en donde todo está ya escrito. Maktub, que decían los árabes.
Mi cuestión es... ¿alguien se ha planteado que lo que ocurre detrás de la pantalla no está bajo el más estricto de los guiones?
Mi respuesta es la siguiente: este no es más que uno de los tantas estrategias televisivas de marketing que se utilizan para ganar audiencia. Porque admitámoslo, el objetivo principal de Masterchef no es formar a cocineros estrella, sino tenernos pegados al televisor pidiendo más y más.
"Eh, Alberto, mira. Ahora vamos a subir la audiencia de esta manera. Vas a cocinar un plato muy ridículo y te vamos a echar de forma muy cruel. Esto hará que la gente primero se sorprenda, después se ría y luego se indigne. No queremos que se queden viendo la televisión como si nada ¿no? Un programa donde todo salga a pedir de boca, nunca mejor dicho, no vende."
"Joder, tíos. Arruinaréis mi imagen."
"¿Imagen? No nos importa tu imagen. Trabajas para nosotros. Haz el ridículo o no ganarás nada. Así van las cosas"
La crueldad vende, amigos. La indignación, la risa, lo inesperado y lo ridículo también, pero parece que se nos está olvidando.
Seguid viendo Masterchef. Seguid viendo lo que os de la gana, pero THINKING, PLEASE.
Y el pobre belga, nadie piensa en Laurent :'(
ResponderEliminarHahahahaha si es que amarte es un must.
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