Te lo dije con la timidez del sol vespertino
escondiéndose tras los tejados de Madrid.
Te lo dije con los días que decidieron irse
para volver en formato recuerdo.
Te lo dije con el comienzo del mundo.
Te lo susurré en mis mejores trazos
y en mi risa solitaria.
Te lo canté en lenguaje de signos
bajo las sábanas.
Te lo grité entre las nubes
que rozaban la punta más alta
del Himalaya.
Y es que
cada vez que me miras
siento que
hay estrellas con mi nombre
en el cielo.
Marta Estrada.
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