lunes, 27 de enero de 2014

Sístole y diástole.





Tras estos presuntuosos
ropajes,
las taciturnas
carcajadas
y la agridulce miel
de nuestros labios
sellados

yace, entre latidos,
nuestra oscura sombra
que sostiene
acérrima
el recuerdo de una época pletórica.

Pero, ¡ah, desdicha!
¡Quién pudiera darle alas
para alejarla del amargo juego
del corazón!

-Marta Estrada-

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