lunes, 20 de enero de 2014

Tenía que ser tuya.



Tenía que ser tuya.
Lo supe cuando
empecé a dejar de ser.

Y fui un texto dúctil,
una mano trémula,
Una mancha de tinta negra
sobre páginas rasgadas 
de un diario inacabado.

Fui alas de Ícaro 
derritiéndose al calor
de un llanto resquebrajado.

Fui un haz de luz vespertino
Sobre una cama deshecha.
Los pasos de alguien
que se aleja
por última vez.
Un cajón lleno de memorias
que nadie jamás recordará.

Pero dejé de ser.

Dejé de ser
y comencé a estar.
Estuve en paz.
Estoy aquí.
Estaré contigo.

-Marta Estrada-

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