sábado, 30 de enero de 2016

C.

Escribo en tinta negra
en un cuarto triste.
Aún me queda algún libro
y el té que no quisiste.
Aún me quedan las luces
que se acuerdan de nuestro reflejo.
Me pregunto si en algún punto
de los 350 metros que separan nuestras casas
alguna vez
pensaste
que me querías.




Hasta siempre, adiós.

Iba a escribirte muchas cosas aquí, ahora.
He comprendido que no merece la pena.
Y aun así, después de todo el daño, desearía que te fuese bien en la vida. 
Yo ya no voy a estar, y espero que hayas aprendido algo.
Yo he aprendido mucho.
Gracias, sin embargo, por los buenos momentos.


Hasta siempre, adiós. 


viernes, 17 de abril de 2015

León come gamba, televisión come espectadores.

Bien sabido es que el apelativo "caja tonta" para la televisión no es ni mucho menos una imposición al azar. Lo que no parece ser tan bien sabido es que los espectadores de los llamados "Realities" son incluso más tontos que el citado aparato.

Hay quien admite que es consciente que lo que está presenciando es ficción, pero aun así lo sigue viendo y comentando. Hay quien directamente no tiene ni santísima idea y se deja llevar. Y hay quien, bueno, digamos que le falta poco para llenar de baba el sofá mientras contempla algún programa.

Pongamos como ejemplo el suceso acaecido estos últimos días en Master Chef. El revuelo ocasionado por el plato "León come gamba" de Alberto,  Este curioso plato, que a nadie pareció dejar indiferente, se trataba de una patata cruda a modo de cabeza de león (que eh, gran casualidad que la patata estuviera cruda, habiendo dejado fuera a 15.000 concursantes. Hasta yo se cocer patatas y no estoy en Masterchef.) gambas, lo que parecían ser pimientos rojos y... bueno, otra gamba en la boca del felino.

El plato no convenció para nada al jurado y, sin deliberación alguna y con muy malos modos, fue expulsado.

La oleada de televidentes indignados fue creciendo, y creciendo, y CRECIENDO, hasta tal punto de colmar las redes sociales de comentarios, olvidándonos por un momento de que se trata de un programa de televisión, y lo más importante, UNA PATATA CRUDA QUE SE ASEMEJA A UN LEÓN.

Oh, Dios, pero qué crueles son. Oh, Dios, pero por qué hacen ésto. Oh, Dios. Qué horrible todo. No se lo merece. Oh, oh, oh. Voy a malgastar quiénsabecuántas horas lamentándome sobre un programa de televisión en donde todo está ya escrito. Maktub, que decían los árabes.

Mi cuestión es... ¿alguien se ha planteado que lo que ocurre detrás de la pantalla no está bajo el más estricto de los guiones?

Mi respuesta es la siguiente: este no es más que uno de los tantas estrategias televisivas de marketing que se utilizan para ganar audiencia. Porque admitámoslo, el objetivo principal de Masterchef no es formar a cocineros estrella, sino tenernos pegados al televisor pidiendo más y más.

"Eh, Alberto, mira. Ahora vamos a subir la audiencia de esta manera. Vas a cocinar un plato muy ridículo y te vamos a echar de forma muy cruel. Esto hará que la gente primero se sorprenda, después se ría y luego se indigne. No queremos que se queden viendo la televisión como si nada ¿no? Un programa donde todo salga a pedir de boca, nunca mejor dicho, no vende."

"Joder, tíos. Arruinaréis mi imagen."

"¿Imagen? No nos importa tu imagen. Trabajas para nosotros. Haz el ridículo o no ganarás nada. Así van las cosas"

La crueldad vende, amigos. La indignación, la risa, lo inesperado y lo ridículo también, pero parece que se nos está olvidando.

Seguid viendo Masterchef. Seguid viendo lo que os de la gana, pero THINKING, PLEASE.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Los días que decidieron irse.

Te lo dije con la timidez del sol vespertino
escondiéndose tras los tejados de Madrid.

Te lo dije con los días que decidieron irse
para volver en formato recuerdo.

Te lo dije con el comienzo del mundo.

Te lo susurré en mis mejores trazos
y en mi risa solitaria.

Te lo canté en lenguaje de signos
bajo las sábanas.

Te lo grité entre las nubes
que rozaban la punta más alta
del Himalaya.

Y es que
cada vez que me miras
siento que
hay estrellas con mi nombre
en el cielo.

Marta Estrada.

lunes, 20 de octubre de 2014

Deestoqueintentasdormirperoseteocurrencosasraras.

Si supieras todas las veces que he soñado
que caminábamos sobre las frases que hemos decidido olvidar
que traspasábamos la piel de la piel
y que nos perdíamos en la metamorfosis de todo lo trascendental.

El único te quiero
Lo tengo aquí guardado
entre mis manos, que lloran
ecos vacíos.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Odio dormir contigo.

Nota 1: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. (O no, quién sabe.)
Nota 2: No pretendo que este sea un texto bonito, ni que nadie se sienta identificado. Necesito desahogarme, nada más.

Todo comienza con una mujer y un hombre.
Una XX y un XY, llamémosles así.
XY se interesa medianamente por XX, quizás porque es una chica hermosa o porque parece simpática. O quizás porque lleva mucho tiempo sufriendo por el desengaño amoroso con XX2. (Ah, XX2.)

XX y XY hablan. Hablan mucho. Sobre banalidades, primordialmente, pero XX lo valora porque le aporta la compañía que le falta. Cuando XX y XY se conocen, XX no lo resiste y se entrega a él completamente, sin pensarlo dos veces. Todo el mundo le dice "no vayas tan deprisa" pero XX tiene miedo de que XY se vaya y le entrega lo que tiene, su cuerpo.

XX y XY pasan mucho tiempo juntos. XX piensa "maldita sea, creo que me gusta. Sus ojos inspiran ternura. Me gusta cuando ríe, aunque ría poco. Me gusta cuando me habla de cosas sobre las que no tengo ni la más remota idea. Me gustan todos los registros de su voz. Me gusta su piel suave. Incluso me gusta su caos interno. Me atrae, me llama. Quiero intentar sacarle de ahí, aunque para ello tenga que ir con él a las tinieblas. No me importa. Haría cualquier cosa por tener su amor."

Así lo piensa, y así lo siente.

XX y XY se entregan mutuamente con asiduidad. En una de las ocasiones, XY le dice a XX "te quiero" durante el acto. XX, sorprendida, tarda unos segundos de más en contestar "y yo a ti".

Y yo a ti.

¿Sabía lo que estaba diciendo realmente? Porque XX es ese tipo de chica que te daría toda su alma y su corazón a cambio de esas dos palabras, y nada más. Quizás fue lo que hizo que XY no se lo volviese a decir...nunca más.

XY se mantenía en la distancia. A XY no le gustaba que le tocasen demasiado ni las palabras demasiado afectuosas. XX lloraba, no se dejaba querer a su manera, la única que tenía.

XX sueña, y sueña a menudo con cosas que no pasan. Sueña que XY le vuelve a decir "te quiero" e incluso "me gustas muchísimo, quiero estar contigo para siempre. ¡Me haces tan feliz!" XX se frustra porque sabe que nunca será así, pero también guarda la esperanza de que un día XY llame a su puerta, sin avisar, y le diga "lo siento. Lo siento de verdad, no he sabido valorarte. Pero ahora me doy cuenta, ¡te quiero!"

XX se enfada a menudo con XY por estupideces. A XX se le hace duro ignorarle, pero a veces siente que es lo que tiene que hacer, y se pregunta si XY estará pensando en ella. Porque XX lo hace constantemente. Piensa en sus manos apretando las suyas mientras hacen el amor. Piensa en todos los libros que han pasado por sus manos y lo que le habrán aportado en su vida. Piensa en la dulzura que ignora tener cuando duerme. Esa quietud, esa aparente inocencia. Su mirada, de nuevo. Su mirada que dice "odio la vida, pero me gusta estar contigo a veces, porque al menos tú no me haces daño".

XX piensa "odio dormir contigo. Lo odio, porque me encanta y sé que un día tendré que dejar de hacerlo. No hay cosa que me guste más ahora mismo. Quedamos bien en la cama tú y yo, la combinación de aromas que desprendemos y nuestras respiraciones acompasadas. Siempre deseo que no te marches, que no te vayas nunca. Creo que cuando te vas te importa demasiado poco. Creo que cuando te vas me importa demasiado. Creo que hemos dormido en más de 5 camas diferentes y en todas ellas me he dicho a mi misma, bajito, para que no me oyeses "te quiero". Creo que te quiero. Creo que no voy a poder soportar verte marchar. Espero que sepas que puedes venir aquí cuando te sientas hundido. Creo que sabes que puedes hacerlo. Aún me sigo preguntando por qué. Por qué no me quieres, por qué tienes miedo de hacerme daño, cuando así es como me haces más daño. Por qué, maldita sea, por qué."

XX llora continuamente. Oh, XY. Dime que quieres verme, dime que quieres estar conmigo, que te gusta que te traiga chocolate o que te cante canciones, que sientes que cuando te miro lo hago desde el fondo del corazón. Por favor.

"Por favor, XX, para. Para, porque te vas a hacer daño. Para, porque no te convengo. Para, porque encontrarás a alguien."

"Pero, XY... eres especial."

XY le dice a XX "deja de decir que soy especial. No lo soy, nadie lo es" y puede que tenga razón, pero XX tiene la sensación de que buscará a XY en cada chico que conozca a partir de ahora. O, al menos, una versión de él que la quiera.




Que la quiera de verdad.

lunes, 30 de junio de 2014

XX, XY. (I)

Alguien, en alguna parte del mundo
deshoja una margarita.
"No me quiere."
Y piensa "Cielos, cuán irónico es
acabar con una vida
con la esperanza de empezar la mía
contigo."