Escribo en tinta negra
en un cuarto triste.
Aún me queda algún libro
y el té que no quisiste.
Aún me quedan las luces
que se acuerdan de nuestro reflejo.
Me pregunto si en algún punto
de los 350 metros que separan nuestras casas
alguna vez
pensaste
que me querías.
sábado, 30 de enero de 2016
Hasta siempre, adiós.
Iba a escribirte muchas cosas aquí, ahora.
He comprendido que no merece la pena.
Y aun así, después de todo el daño, desearía que te fuese bien en la vida.
Yo ya no voy a estar, y espero que hayas aprendido algo.
Yo he aprendido mucho.
Gracias, sin embargo, por los buenos momentos.
Hasta siempre, adiós.
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